Te peleas porque te bajan a una niña, por defender a un amigo —ahí te prendes más cañón porque te retan—, porque un cuate se te queda viendo feo —si se te quedan viendo bonito también es preocupante—, porque ya te cansaste de ser el blanco del zape… Y a veces simplemente te peleas porque no te queda de otra.
La realidad es que te peleas por tu orgullo y por tu honor. Se oye como película de caballeros medievales, pero es la neta.
Y así como hay algunos que son muy buenos para los trancazos y son súper pasados con todo mundo, hay otros a quienes no les laten las peleas y las evitan.

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Cuando hay una niña de por medio. Hay algunas chavas, no muy listas, a quienes les encanta sentirse las princesas del cuento y hacen todo para que te batas en duelo, o sea para que te des en la mauser. Lo que ella no sabe es que el cuate con el que te peleas y tú terminarán siendo amigos. Y a ella, en un año, ninguno de los dos la va a pelar.
Cuando hay contacto físico. Si son unos empujoncitos de “nena en el pecho” no hay mucha bronca, pero si te manejan la “cachetadita guajolotera”, por más tranquilito que seas sacas al gandalla tepiteño que todos llevamos dentro.
Cuando te dicen algo de tu mamá. Ésta nunca falla: basta que mencionen a tu mamacita linda para que empiecen los trancazos. Eso sí, cuando te enojas con ella le dices hasta de lo que se va a morir; pero que en una pelea no te digan la frase: “¡… tu mamá!” porque te transformas.


La verdad es que a veces te peleas para ganar respeto. Y así como hay algunos a los que les gusta la adrenalina, a la mayoría le da miedo y preocupación. Si es tu caso, es normal; a nadie le gusta ponerse en evidencia y ser el centro del “chow”. La neta te preocupa más lo que al final opinen de ti todos los de la escuela, que los trancazos que te puedan dar.

La típica frase: “Nos vemos a la salida”, hace que, aunque no lo creas, los protagonistas de la madrina estén muy nerviosos. Cuentan los segundos porque no quieren salir, aunque parezca lo contrario.

 
A veces en la escuela te tienes que pelear, como pasa cuando una persona o una bolita se burla todo el tiempo de ti, te traen de bajada y hasta ponen en duda tu dignidad. En esos casos no hay de otra: es necesario actuar. Tienes dos opciones: dejar que te traigan así durante tres años, o pelearte una sola vez para que te dejen de molestar.

Sin importar si ganas o pierdes, el que todos vean que tienes el valor de pelearte hace que te respeten. Cuando esto sucede, por lo general dejan de molestarte. Además, acuérdate de que a la mayoría, en el fondo, le da miedo bronquearse.
Este remedio no falla. Así funcionamos los hombres. Lo importante es que te prepares para ganar. Aunque el cuate sea un monstruo —mientras no sea mucho más grande que tú—, un primer golpe bien dado hace la diferencia.
Ahora que si éste no es el caso, mejor evita las peleas. Casi siempre puedes llegar a un acuerdo sin que lleguen a los trancazos. Agota todos los recursos antes de pelearte:

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