Abstinencia.
Abrazos.
Masajes normales.
Beso seco.
Masturbación.
Besos húmedos.
Te puedes contagiar de catarro, gripe o hepatitis B. Para evitarlo debes aplicarte la vacuna para hepa
Masajes con estimulación
En caso de haber contacto con los genitales es necesario que las manos estén limpias y desinfectadas.
Masturbación mutua.
No te contagias si no hay cortadas en las manos o lesiones en los genitales. Pero si las tienes y estableces contacto íntimo con alguien con SIDA, puedes contagiarte porque el esperma infectado entra al torrente sanguíneo. Para evitarlo, usa guantes de látex, condón masculino o asegúrate de que la chava con la que estés use condón femenino o espermicida.
Sexo oral.
Te puedes contagiar de herpes, SIDA, hepatitis B, gonorrea, sífilis y condilomas. Para evitarlo: usa condón.
Penetración vaginal.
Sexo anal.
Te puedes contagiar de herpes, SIDA, hepatitis B, gonorrea, sífilis, clamidia, molusco contagioso, cándida, condilomas y, por supuesto, también puede presentarse ¡el embarazo! Para evitarlo usa condón masculino o femenino y espermicida.
Al condón también se le conoce como globito, gorro, hule o preservativo; nosotros preferimos decirle “el salvavidas” porque, después de la abstinencia, es el único medio de protección contra las ETS, incluyendo el SIDA, con el más alto porcentaje si lo colocas bien. Además, tiene 88 por ciento de efectividad ante los embarazos no deseados. De hecho, el porcentaje puede elevarse si lo combinas con anticonceptivos vaginales como óvulos o espuma; o sea, está cañón, ya que te protege un buen y es un 2x1 porque te cuida de las dos cosas.

Por eso decimos que el mejor amigo del hombre no es el perro sino el condón. ¡Nada más no vayas a sacarlo a pasear con cadena!

El condón es una funda de látex o plástico que cubre el pene cuando está erecto, para que al eyacular el semen quede atrapado en él y no pase al cuello uterino de la chava.

Hay condones hechos con tejidos animales, como piel de cordero, pero no son nada recomendables porque no te protegen de las ETS.

La primera vez que compres uno te puede dar pena; ya después te sientes tan seguro que casi los pides como si estuvieras en el mercado, así como: “Me da un cuarto de jitomate, medio kilo de zanahoria, kilo y medio de condones y un cuarto… un cuarto… ¡ah!, un cuarto donde no haya gente para ponerme el condón”.

De colores, para que combinen con tus chones.
Fluorescentes. Si te quieres esconder, la chava tendrá una pista para saber por dónde andas.
Musicales. Tocan desde una rola romántica hasta las fanfarrias, para festejar el final.
De sabores. Existen más sabores y combinaciones que en un puesto de jugos y licuados.
De figuritas. Para disfrazar a tu amiguito de balón de futbol, personaje de caricatura o algún monumento importante. Si tu amiguito no está bien despierto, el monumento se verá como edificio en ruinas de la Segunda Guerra Mundial.
En fin, son tantos los estilos de condones que hay en el mercado, que así como existen panaderías o tlapalerías, también hay condonerías donde venden todo tipo de versiones de este producto.
Pero,
¡aguas!, la mayoría de estos condones son para jugar. No sirven para protegerte. Los únicos que funcionan son los normales; los de colores y los de sabores se usan para la práctica del sexo oral, los demás son de chiste o de colección. Así como algunos coleccionan ranitas o elefantitos, otros coleccionan condoncitos.
Los normales se venden en las
farmacias, en los supermercados y en algunos antros, donde tienen en los baños maquinitas y allí puedes comprarlos.
 

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