Se rompen: sí, algunas veces, pero son contadas y la mayoría de las ocasiones pasa por no colocarlo bien o por comprar uno de mala calidad. Por eso es importante comprar condones de buena calidad.
Me quedan chicos: ¡cáálmateeee! Los condones son ultra-mega-flexibles; puedes meter las dos manos en uno solo y expandirlo hasta ponértelo de máscara. Si te lo pones así en una fiesta de disfraces todos sabrán de qué vas disfrazado. El rollo es que son grandísimos, pero aún así te tenemos una buena noticia “don gigantón”: hay condones grandes y extra grandes. Así que no te preocupes, existe mercancía para gente de tu nivel.
Reducen la sensación: es cierto que reducen un poco la sensibilidad, pero es mínimo. Además, todas las marcas tienen modelos para mayor sensibilidad. Muchos chavos utilizan esta pequeña disminución de sensibilidad para durar más. No suena mal el negocio.
Soy alérgico al látex: esto es real, hay gente que es alérgica; pero no te preocupes, los condones de plástico, a diferencia de los de piel de cordero, sí te protegen contra las ETS y los encuentras en muchos lados. Están hechos de poliuretano. Seguro cuando te mencionaron en la escuela la palabra “poliuretano”, pensaste la típica pregunta: “Y esto, ¿de qué me va a servir?” Pues fíjate nada más qué útil nos resultó.
Interrumpen: “A la mitad del rollo tengo que parar la acción para ponérmelo”. ¡Correcto! Aunque definitivamente no es lo más cómodo, es mejor veinte segundos de tiempo fuera, que nueve meses de espera por tu nuevo hijo.
La verdad es que ninguna de estas razones se acercan ni a los talones a los riesgos que puedes correr si las cosas salen mal.

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