La fiesta de graduación es chacoteo, buena vibra y sobretodo mucha celebración. Pero también es cena, baile, show y elegancia. Aunque esta última se pierda con las tres primeras antes mencionadas.

Para poder participar en una fiesta de este calibre debes estar presentable ya que la ocasión lo amerita; o sea... cambiar los tenis por el pingüino riguroso.

Sí eres de los que el jean, las playeras, la mugre y los calcetines apestosos son tus fieles compañeros al andar, seguramente entacucharte te va a caer como gancho al hígado; pero de vez en cuando hay que aplicarlo; y justo es ahí cuando entras en shock por que resulta que el único traje que tienes es el de tu primera comunión o el que usaste cuando fuiste pajecito en la boda de tu prima la Yuyis.

Si crees que esto es lo peor espérate a aguantar a la intensa de tu jefa queriendo que uses el smoking azul pastel con holanes y moñito que esta en el aparador de la alquiladora de trajes con todo y clavel en la solapa y el inigualable zapatongo de charol.

El punto es que tienes que ir ad hoc y lo último que eres es ad hoc. En realidad más que un pachangón para ti se convierte en una fiesta de disfraces.

Para este momento lo único que te motiva es el despapaye con tus cuates, lo guapas que se van a ver tus compañeritas en sus vestidos y con escotes, muchos escotes.

Seguramente vas a impresionar a todos con el look que vas a manejar, así que en vez de quejarte por los rincones de la amargura y el sufrimiento échale ganas y pórtate como todo un galán hecho y derecho.

Disfrútalo y gózalo por que es una noche súper especial.

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