Últimamente has sentido que “Julito” te atrae bastantito, pero ya no es nada más que está guapísimo, que su peinado se le ve increíble y el look que maneja simplemente hace que la piel se te ponga chinita.
Además te cae excelente, es muy simpático y te da una dosis extrema de carcajadas y sientes que cuando llega la hora de la salida es el momento más triste de tu día y que tendrás que esperar 11 horas para verlo nuevamente.
                       Además fantaseas tanto con él que casi, casi estás planeando el día de tu boda y te imaginas en el altar diciendo que prometes amarlo y respetarlo por el resto de tu vida.
Esta etapa es completamente
psicológica, pero no te nos espantes, no estás loquita
, sólo locamente enamorada.
Desearlo es querer estar con él, aunque sean un par de minutos entre clase y clase, que al saludarte te abrace y sientas que te elevas, que pase por tu salón y agite la mano para saludarte, de querer conocerlo perfectamente, de ver si lo que le gusta a ti también y si no te late, pues por lo
                             menos que te parezca interesante.
El deseo está padre mientras puedas
         controlarlo,
porque hay veces que
     se pone como loco y hace que se te
            salga de las manos y Oh Oh, te
           puedes ver envuelta en una que otra
           bronquilla, entonces hay veces que
                es mejor darle unas cucharaditas
                         de paciflorín a tu deseo.
Hay veces que el deseo se pone más cachondón y tus fantasías se tornan más calientonas, y además de conocer como piensa quieres conocerlo más a fondo entonces el deseo se convierte en deseo sexual!!!
Es como el segundo paso del deseo y de ahí vendrán los besos y el contacto físico, puede ser que el deseo de “Julito” esté más cañón que el tuyo y tu sientas que no estás lista para dar el siguiente paso, y estás en todo tu derecho de decir ALTO!! O un simple NO!! Y darle una bofetada a su deseo.