Entonces la cosa cambia, empieza a haber una competencia súper cañona para ver quien logra conquistar su amores. Y eso la verdad no es tan padre.

Pero lo más gacho es cuando ya se agarran del chongo cañón, las “cortan” y se dejan de hablar, se hacen la ley del hielo y más feito todavía cuando una empieza a hablarle a este muchachón en cuestión mal de la otra. Eso sí que
no se vale.

Es súper sabido y dicen las buenas lenguas que nunca debes perder una amistad por un romance y menos si es de verano veraniego, empiezan a ver que si a una le mandó un mensajito, que si a la otra le sonrío y la saludos efusivamente, que si te invitó al cine y a ella a un reven, que si a una le dio un globo y a la otra una flor del día del amor y la amistad.

O cuando una ve que va perdiendo la batalla y se arde de tal manera que funda el “club de las ardillas” y se autonombra presidenta. Y no hace otra cosa más que hablar pestes de la otra.

 

Este tipo de situaciones es súper común, ha pasado siempre, el asunto de dos mujeres y un camino se remonta a la época de las cavernas y seguirá pasando por el resto de la vida.

Si estás envuelta en algo así llévatela leve, tranquilízate y si te toca estar del otro lado y perder la batalla, pues no importa, hay otros millones de tipos que también pueden gustarte.

Porque muchos amigos comparten gustos similares y tienen los mismos compañeros de clase, porque frecuentan el mismo ambiente y han vivido y convivido tanto que llegas a congeniar de tal manera que se enamoran del mismo chico.